Como identificar cimas cambio nuestra forma de caminar
Una historia personal sobre como aprender a identificar las montanas que nos rodean transformo el senderismo de un simple movimiento en una forma mucho mas significativa de explorar el paisaje.
Durante anos, las montanas fueron para nosotros solo un paisaje de fondo.
Un paisaje precioso, por supuesto.
Nos deteniamos para hacer fotos. Admirabamos las vistas. Nos quedabamos en las cumbres viendo como crestas interminables desaparecian en la distancia y deciamos cosas como:
"Esa parece impresionante."
O:
"Me pregunto que montana sera esa."
Y luego seguiamos caminando.
En aquel momento parecia completamente normal.
Hacer senderismo consistia sobre todo en moverse:
- alcanzar la cumbre,
- terminar la ruta,
- tachar otro itinerario de la lista.
Las montanas que nos rodeaban formaban parte del ambiente, pero curiosamente rara vez sentiamos una conexion real con ellas una por una.
Eso cambio en algun lugar de los Alpes casi por accidente.
Estabamos caminando en Austria, cerca del Schneeberg, en una calida tarde de finales de verano. El sendero en si no era especialmente dificil y, despues de varias horas de subida, por fin llegamos a una cresta abierta con vistas que se extendian por toda Baja Austria.
El tiempo era perfecto.
El aire limpio despues de la lluvia de la noche anterior hacia que la visibilidad pareciera casi irreal. Capa tras capa, las montanas se extendian por el horizonte con tanta nitidez que parecia que podiamos ver para siempre.
Como siempre, empezamos a adivinar.
"Quizas esa sea la Rax."
"No, yo creo que esa es la Schneealpe."
"Cual es esa enorme cumbre tan lejana?"
Nadie lo sabia de verdad.
Y por alguna razon, eso de repente resulto frustrante.
Pasas horas subiendo por un paisaje que claramente tiene historia, nombres, rutas, relatos y significado, y aun asi la mayor parte sigue siendo anonima.
En algun momento, durante una pausa cerca de la cresta, abri Hill Explorer casi por curiosidad.
En segundos empezaron a aparecer etiquetas por el horizonte.
Schneeberg.
Rax.
Hohe Wand.
Otscher a lo lejos.
De pronto, todo el paisaje se transformo.
No visualmente.
Mentamente.
Las montanas dejaron de sentirse como un fondo y se convirtieron en lugares reales.
Destinos reales.
Cumbres reales.
Terreno real conectado con recuerdos, rutas, tiempo, dificultad, historia y planes futuros.
Curiosamente, ese pequeno momento cambio por completo nuestra forma de caminar.
Desde entonces, cada mirador se siente distinto.
Ahora, cada vez que alcanzamos una cumbre o una cresta, empezamos de forma natural a identificar todo lo que nos rodea:
- picos lejanos,
- valles,
- ferratas,
- lagos,
- cordilleras vecinas.
Y gracias a eso ocurrio algo inesperado:
Las montanas se hicieron mucho mas grandes.
Antes, una cumbre solia sentirse como el final de la experiencia.
Ahora se parece mas a estar de pie dentro de un enorme mapa de futuras aventuras.
Identificas una montana y enseguida empiezas a preguntarte:
Que dificultad tiene esa ruta?
Se puede caminar alli en otono?
Hay una ferrata?
Por donde sigue la cresta?
Que hay escondido detras del siguiente valle?
Una cumbre identificada te lleva silenciosamente a otra.
El paisaje se vuelve interconectado.
Vivo.
Ese cambio tambien nos convirtio en senderistas mas lentos.
No fisicamente mas lentos.
Pero mentalmente mas lentos.
Ahora nos detenemos con mas frecuencia.
Pasamos mas tiempo simplemente mirando alrededor en vez de correr hacia el siguiente punto.
A veces permanecemos varios minutos en silencio solo identificando picos y siguiendo lineas de cresta en el horizonte.
Y sorprendentemente, esos momentos suelen convertirse en los recuerdos mas intensos de toda la caminata.
No necesariamente la cumbre en si.
No las estadisticas.
No el desnivel.
Solo la sensacion de comprender por fin un poco mejor el mundo que te rodea.
Hubo un momento que se me quedo grabado especialmente.
Ocurrio durante una puesta de sol cerca de Hohe Wand.
La luz iba desapareciendo lentamente detras de las colinas mientras los ultimos rayos iluminaban el Schneeberg con un naranja profundo. Las nubes por debajo del horizonte creaban capas de sombra sobre los valles y, durante unos minutos, todo el paisaje parecia casi irreal.
Sin identificar las cimas, habria sido hermoso.
Pero como sabiamos lo que estabamos mirando, la experiencia se sintio de algun modo mas profunda.
Mas personal.
Aquellas ya no eran montanas aleatorias.
Eran lugares que habiamos visitado, lugares que queriamos explorar y lugares conectados con recuerdos.
Eso es dificil de explicar a quien no pasa mucho tiempo en la montana.
Identificar cimas no hace el senderismo mas tecnico.
Lo hace mas significativo.
Dejas de mirar las montanas como decoracion.
Y empiezas a verlas como un mundo.
Desde entonces hemos notado algo curioso en casi cada salida.
Al final, alguien senala hacia el horizonte y pregunta:
"Que montana es esa?"
Y ahora, en vez de adivinar, realmente lo sabemos.
O al menos podemos averiguarlo en segundos.
Suena a algo muy pequeno.
Pero de algun modo cambio por completo la forma en que vivimos el aire libre.
