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Encontramos el lugar perfecto para acampar hasta que llego el viento

Una historia de camping en Austria sobre el lugar perfecto para la furgoneta, la puesta de sol sobre el valle y lo rapido que puede cambiar el ambiente de un sitio cuando llega el viento.

Al principio parecia la tarde perfecta.

El tipo de tarde de montana que la gente intenta recrear en videos de viaje:

  • luz dorada y calida,
  • bosque en silencio,
  • valle vacio,
  • silhuetas de montanas lejanas desvaneciendose poco a poco en los colores del atardecer.

Habíamos pasado todo el dia conduciendo por Austria buscando un lugar tranquilo donde detenernos con la furgoneta antes de seguir mas adentro de los Alpes a la manana siguiente.

Nada sofisticado.

Solo un sitio tranquilo:

  • lejos de campings concurridos,
  • lejos del trafico,
  • en algun lugar donde las montanas siguieran sintiendose salvajes.

A ultima hora de la tarde, por fin lo encontramos.

Un pequeno claro de hierba al borde del bosque, muy por encima del valle. En la luz del atardecer el lugar parecia casi irreal. Debajo de nosotros, pequenas aldeas ya iban desapareciendo en la sombra, mientras las cimas del horizonte seguian brillando en naranja bajo el sol poniente.

No habia ruido.

No habia carreteras.

No habia gente.

Solo el viento moviendose suavemente entre los arboles.

Naturalmente, decidimos al instante:

"Esto es perfecto."

La furgoneta quedo colocada en pocos minutos.

Sillas fuera.

Cena preparandose.

Chaquetas de abrigo puestas.

Durante un rato, todo se sintio exactamente como deberia sentirse el camping en montana.

Lento.

Silencioso.

Simple.

A medida que la oscuridad cubria lentamente el valle bajo nosotros, el cielo se volvio increiblemente claro. Miles de estrellas aparecieron sobre las crestas mientras el aire alpino frio bajaba desde los picos mas altos.

En un momento dejamos de hablar por completo.

Nadie queria romper la atmosfera.

Esa es una de las cosas extranas de la montana por la noche: hace que el silencio parezca valioso.

Antes esa misma tarde, mientras mirabamos el horizonte, habiamos abierto Hill Explorer para identificar varias cimas lejanas que todavia se veian con la ultima luz del atardecer.

Algunas montanas las reconocimos enseguida.

Otras no teniamos ni idea de cuales eran.

Pero de algun modo, conocer sus nombres hizo que todo el paisaje pareciera mas personal, como si no estuvieramos durmiendo junto a siluetas aleatorias en la oscuridad, sino rodeados de lugares reales con historia, senderos y recuerdos.

Al final la temperatura bajo lo suficiente como para refugiarnos dentro de la furgoneta.

Fuera, el bosque se habia vuelto completamente negro.

Ese tipo de oscuridad que casi ya no se vive cerca de las ciudades.

Durante un rato, todo permanecio completamente en calma.

Luego llego el viento.

Al principio fue sutil.

Solo algun movimiento ocasional en los arboles sobre nosotros.

Nada raro para la montana.

Pero en unos veinte minutos, toda la atmosfera cambio.

La suave brisa de la tarde se transformo en rafagas violentas atravesando el bosque con fuerza suficiente para hacer temblar la furgoneta.

Las ramas crujian sobre nosotros.

El equipo que habiamos dejado fuera empezo a moverse.

En algun punto mas adentro de la oscuridad oimos el sonido de algo grande cayendo entre los arboles.

Ese fue el momento en que las montanas dejaron de sentirse pacificas.

Y empezaron a sentirse poderosas.

Lo extrano del fuerte viento de montana por la noche es que la imaginacion se convierte en parte de la experiencia.

Cada sonido parece mas grande:

  • ramas,
  • pasos,
  • tejido moviendose,
  • crujidos lejanos en el bosque,
  • lluvia que puede venir o no.

Dentro de la furgoneta volvimos a mirar la prevision.

Aviso de viento en montana.

Claro.

Al parecer, un frente estaba cruzando los Alpes durante la noche.

Antes, la calma de la tarde habia hecho que las montanas parecieran amistosas.

Ahora, tumbados sin dormir mientras las rafagas sacudian el vehiculo, el mismo lugar parecia de repente salvaje e impredecible.

Y sinceramente?

Ese contraste se convirtio en uno de mis recuerdos favoritos de todo el viaje.

Porque momentos asi te recuerdan algo importante sobre viajar al aire libre:

La naturaleza no esta pensada para tu comodidad.

Las montanas son hermosas, tranquilas e inspiradoras, pero tambien son completamente indiferentes a tus planes.

Esa idea cambia la forma de acampar.

Te vuelves mas cuidadoso con:

  • donde aparcas,
  • como revisas el pronostico,
  • en que equipo confias,
  • cuanto de expuesto esta realmente el lugar.

Ya pasada la medianoche, el viento se hizo aun mas fuerte.

Durante unos minutos consideramos seriamente marcharnos y bajar con la furgoneta a una zona mas baja del valle.

Pero al final las peores rafagas pasaron y la tormenta siguio poco a poco hacia el interior de las montanas.

Y entonces, casi tan rapido como habia empezado, todo volvio a quedarse en calma.

Completamente en calma.

Recuerdo haber abierto la puerta de la furgoneta sobre las dos de la manana solo para mirar fuera.

El cielo se habia despejado.

Las estrellas parecian mas brillantes que antes.

El aire frio se movia lentamente por el valle mientras las crestas lejanas permanecian en silencio bajo la luz de la luna.

Ya no parecian peligrosas.

Solo enormes.

A la manana siguiente, la luz del sol regreso como si no hubiera pasado nada.

Las montanas volvieron a parecer tranquilas.

Casi inocentes.

Mientras haciamos cafe fuera de la furgoneta, nos reiamos de lo diferente que habia parecido el mismo lugar solo unas horas antes.

Esa es una de las cosas que cada vez me gustan mas del camping en montana.

Nunca vives la naturaleza solo como decorado.

Vives sus estados de animo.

Y a veces, las noches que no salen perfectas son precisamente las que mas tiempo recuerdas.

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